Orfeo tracio

 

Uno de los héroes más populares del mundo clásico, Orfeo, es natural de Tracia. Según su versión más conocida, el mito griego afirma de él que es hijo del dios flivual Eagro y de la musa de la poesía épica Calíope.

Por sus cualidades de músico e intérprete se le igualaba a Orfeo con el mismísimo dios Apolo y se contaba que su voz prodigiosa embelesaba a todo ser viviente, de manera que durante la campaña de los argonautas en la búsqueda del vellocino de oro, su canto habría salvado a los héroes al neutralizar el peligroso canto de las sirenas. Se le representa, a menudo, con cítara o lira de las que extrae sonidos mágicos que hacían que le siguieran los animales del bosque y que conmovían las rocas y los montes o amansaban las fieras salvajes que venían a dormirse a sus pies.

Es también muy conocido, gracias a la mitología griega, el dramático amor del poeta hacia la hermosa dríade Eurídice que se murió el día de su boda, mordida por una víbora. Su joven y enamorado esposo la siguió, abatido, en el mundo inferior del dios Hades y su canto plañidero conmovió a sus moradores, así que su súplica fue oída por el dios de los infiernos que accedió a dejar a la doncella irse con su amado con la condición de que Orfeo no la mirara hasta llegar a la tierra de los vivientes y ver la luz del día. Al llegar a las puertas del mundo superior, el poeta ya no pudo contenerse y se volvió para asegurarse que su amada le seguía y así… le fue definitivamente arrebatada y convertida en sombra.

Este episodio tiene relación directa con la muerte de Orfeo en cuyo corazón ya no había lugar para otras mujeres, llevándolo al desprecio de la belleza femenina, por lo que fue descuartizado por las Ménades durante la celebración de los misterios en honor de su dios Dioniso. Ello sugiere una relación de su imagen con mitos de épocas anteriores llevando a la crítica a la conclusión que habría jugado un importante papel, con funciones mágicas o sacerdotales, en la hoy poco conocida religión de los tracios. Se le considera actualmente como el inspirador de todo un sistema de pensamiento místico-filosófico llamado orfismo. Se acepta su origen en Tracia, entre finales del segundo milenio y los siglos IX-VIII a. C. La doctrina se habría extendido a través de Grecia por el Mediterráneo en épocas posteriores. Se considera asimismo que muchos de los emperadores romanos eran sus seguidores, tratándose de una concepción puramente aristocrática de los misterios de Dioniso. Esta tradición nos ha sido transferida por la epopeya popular de transmisión oral, creando las condiciones de la mitificación de las imágenes del rey-progenitor, sacerdote y antropo-daimon (inmortal y perfecto, dios en sí mismo y primo sacerdote para su pueblo).

Los misterios órficos se oficiaban por hombres iniciados y célibes (el significado de su nombre implica estar “sin vida”) dedicados exclusivamente a su condición. Tenían lugar en comunidades secretas y lugares escogidos y alejados: rocas y cuevas como las que abundan en los montes Ródopes, Strandzha y Sacar (región macedonia de la actual Bulgaria). Se las acompañaba de cantos corales y representaciones dramáticas que culminaban con la recreación de la muerte simbólica de Dioniso (el rey-sacerdote), descuartizado por los titanes; se hacían sacrificios: de toros, caballos, machos cabríos y, en ocasiones, humanos. Especial lugar tenía la celebración de la fertilización de la madre tierra y el origen de la vida a través de fiestas orgiásticas en las que participaban doncellas. Por ello Heródoto acusaba a los tracios y sus mujeres de promiscuidad.

Más tarde, los misterios órficos llegaron a identificarse con las orgías en honor al dios del vino y la locura (en Platon) Dioniso (Baco) que se corresponde con la actual fiesta búlgara de Triphon Zarezán (la poda de los viñedos) celebrada el día de San Valentín.

Este artículo sigue el original búlgaro del sitio www.perperikon.bg

 

 
   
 
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Ménade con sátiro, moneda VI a. C.

   
     
     
     
 

Detalle tesoro de Letnitza, IV a. C.